Ejercicio de Humildad

"que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados" - Platón

Bastan unos momentos leyendo el periódico, viendo las noticias en la televisión o mirando las personas en la calle para darse cuenta de lo enajenada que está la humanidad. hemos perdido la noción de nuestra ubicación en el universo, nos consideramos los seres cumbre de la creación y evolución, nos pavoneamos de lo que hemos logrado y nos auto designamos en posiciones de superioridad frente a todo y a todos, y aunque no podemos negar que, como especie, hemos alcanzado profundos avances en muchos campos, no debemos olvidar que al final somos MAESTROS DE NADA.

A veces me levanto de madrugada con la intención de ser mejor, pero a mitad de la mañana me doy cuenta que estoy demeritando a alguien, desaprovechando algún recurso, o malutilizando otro, me doy cuenta que la forma en que todos lo hacemos parece estar codificada en nuestro ADN,. es inconsciente, casi natural, parecemos creados para sentir que inevitablemente somos mejores que los demás, que somos dueños de todo... En esos momentos me doy cuenta que como especie, si, la humanidad es avanzada respecto a tal vez una roca, o el polvo de la calle, pero no mas... Y termino siempre volviendo a la misma reflexión: mi posición en el universo (si es que solo hay uno), y para eso sigo un simple ejercicio que creo profundamente todos deberíamos hacer alguna vez:
  1. Imaginemos al humano, una persona común y corriente, hombre o mujer, como usted, o como yo. Como Einstein, o ese desconocido que vivió hace milenios y rompía semillas con una roca. Entre 1 y 2 metros, más o menos, de pura evolución. El que descubrió el fuego, inventó las herramientas, los cultivos, se hizo sedentario, aprendió a domar animales y a construir imperios, el que ha creado medicamentos, y armas... El que se cree con derecho de arrojar un papel a la calle, o de detonar un explosivo en un concurrido mercado... si, un humano, la especie dominante, el Apex Predator.
  2. Ese mismo humano seguramente tiene una vivienda, ya bien sea una cueva rocosa en las frías tundras boreales cuando los primeros homínidos empezaban a asentarse, un castillo en las montañas de la vieja Europa, un apartamento en un suburbio o un lujoso penthouse en el último piso del Burj Khalifa en Dubai. Ahora ese Apex Predator ya no es tan inmenso, esta supeditado a su vivienda, 10, 30, 70, 100 o 200 metros donde guardar una cama, las herramientas, los utensilios. Una vivienda de una sola planta, o tal vez dos o tres donde resguardarse de los elementos, sí, esos que no controla. El humano no es tan grande, vive en una caja.
  3. Pero esa vivienda, o caja, da igual, no tiene sentido en la ausencia de todo, ese fortín del Apex Predator es sólo una pieza de un mayor rompecabezas: los fortines de todos los demás, donde la sociedad empieza a tener sentido, donde se habla de comunidad, donde las interacciones entre los humanos nos definen como especie. Grupos humanos, cofradías, vecindarios, barrios. Unas cuantas viviendas distribuidas en unos cuantos cientos de metros, donde el humano instaura su hogar, donde intercambia bienes y servicios, donde todos se agrupan bajo algún denominador común: el estrato, la clase social. El humano no es tan grande, vive en una caja, y esta no es tan grande, es necesario agruparla.
  4. Estos grupos de cajas, terminan formando parte de muchos otros grupos, por el movimiento normal de la especie, por ese instinto natural que tiene el humano de asociarse, de agruparse. De ser parte de un espacio donde otros humanos se autodeterminan, donde se distribuyen esos denominadores que terminan haciéndonos diferentes entre unos y otros, donde se instaura una organización y todos bajo ésta terminan convirtiéndose en un grupo socio-cultural distinguible. Donde cada humano recibe una razón de pertenencia a un grupo, y una razón de separación con todos los otros, donde se vuelve ciudadano. El humano es cada vez más pequeño, su ecosistema, la ciudad, es inmenso, algunas decenas de kilómetros seguramente, lo suficiente para tener decenas o centenas de vecindarios, millones de humanos, Desde esta distancia, el humano simplemente es indistinguible. El humano es un punto en el espacio, y su caja, un suspiro. 
  5. Y uno como humano se imagina que las ciudades son colosos, inmensos en sus formas, pero las ciudades son sólo minúsculos trozos de tierra, tierra que nosotros mismos separamos en estados, departamentos, zonas autónomas, tal vez de algunos cientos de kilómetros, para seguir haciéndonos diferentes, para apoderarnos de ríos, de naturaleza. Al final, esa ciudad es solo un diminuto conjunto de rocas, y las cajas simples puntos, y distribuidas por todas partes, decenas de ciudades, y con ellas decenas de millones de humanos. El humano ya no es una unidad determinante, solo uno entre millones, básicamente reconocibles por su legado: la construcción de las ciudades.
  6. Y estos estados son solo una pequeña parte de países, la única forma en que los humanos encontramos respuesta a la eterna necesidad de sentirnos parte de algo. Países que se fundaron alrededor de sueños, de anhelos, de ideales, Y que ahora se rigen en torno a objetivos y utilizan el sentido de pertenencia de sus miembros únicamente para fortalecer esa noción de "especial" que se vende como derecho de nacimiento, porque es que cada humano no nace como miembro de una especie, nace como propiedad de un país, más juntos, más lejos de los otros. El humano es un número, los estados pequeños recortes de tierra y las ciudades puntos. Los vecindarios, las cajas y el humano no son unidades determinantes.
  7. Y nos fascina pensar que los países los definimos los pueblos, pero cada país es un pedazo recortado incansablemente por la avaricia de los humanos, se nos olvida que al final cada país es un accidente, una marca  en un planeta, un planeta vivo que nos comparte su superficie para que vivamos. Un planeta de tales dimensiones que las ciudades son sólo vagas marcas, como arrugas, y los humanos, ¿humanos? Cada humano que se considera amo de su tierra, no es mas que nada en el planeta, un planeta que se nos ofreció como hogar, pero que lo convertimos en jaula. Para el planeta los estados son su piel, las ciudades imperfecciones, y nada más...
  8. Al llegar a este punto, ya es suficientemente claro que como humano no se es mucho, que es totalmente innecesario creerse ese punto culmen de todo. Somos polvo, pero un polvo con muchas pretensiones. Cuando uno se imagina el planeta, los casi 8 mil millones de humanos que allí habitamos, los 2 centenares de países, miles de ciudades e incontables vecindarios, casi que por consenso creemos que somos especiales, únicos, que tal vez no haya otra vida como la nuestra en ningún lugar... siempre arrogantes. Basta comparar el tamaño de nuestro gentil planeta con sus vecinos para notar al instante que, sin querer saberlo, podemos ser aún menos. ¿Alguien habrá pensado en el tamaño de Jupiter o Saturno? Somos insignificantes, y nuestro planeta seguramente se siente igual.
  9. Pero no basta llegar ahí, la existencia en su infinita proporción siempre encuentra formas de mostrar que solo somos partes de un rompecabezas que cada vez es más grande, y todo ese avance del que hacemos mofa lo único que nos ha dado es herramientas para darnos cuenta de lo lejos que estamos, de lo pequeños que somos, y de lo poco que sabemos. Y es que nuestro planeta es el único con vida, aunque no es el más grande, pero si lo comparamos con nuestra estrella, el sol, seguro que tenemos claro que ni los grandes lo son tanto... Es como si ahora el planeta fuera la unidad.
  10. Y no bastando con los tamaños relativos, a parte de ser minúsculos, estamos lejísimos unos de otros. Que nos quede claro: No teníamos que ponernos barreras entre humanos, la existencia lo sabe hacer mejor y ha dispuesto barreras inmensas entre todos, no por azar, seguramente para garantizar las fuerzas que moldean todas las cosas (la gravedad, el electromagnetismo, la interacción fuerte, y la interacción débil), o tal vez para que no nos encontremos con nada más, debe ser deprimente el choque de especies, donde todos se consideran creaciones máximas. ¿Qué tan lejos? Suficiente, y basta ver como nuestra estrella y sus planetas se disponen en el sistema solar, como si todos fueran miembros de la misma familia, y viviesen en un mismo hogar, una estrella que sólo pasa a ser un punto, planetas que no se ven (y que debemos dibujar por elipses que definen su desplazamiento) y al final todo concentrado en la mitad de un gran cinturón de asteroides, cometas y cuerpos pequeños (que bautizamos como cinturón de Kuiper), seguramente una cáscara para que si algún día llegamos hasta allá nos quede realmente difícil salir. Es una versión nueva de la caja.
  11. Pero como todo en la existencia está destinado a ser fractal, el sistema solar, nuestra caja espacial, es sólo uno de muchísimos otros sistemas, todos en una misma vecindad (que le decimos el vecindario interestelar), cada uno con una hermosa estrella, y seguramente con un grupo de planetas, de todas las condiciones posibles, seguramente algunos estériles, pero seguro otros no. Y es que nuestro sol es uno sólo de muchos otros, Aldebaran, Castor, Pollux, Arcturus, Sirius, Altair, Vega y un par más de decenas de soles están ahí, iluminando el cielo desde el mismo vecindario, y nuestro sistema solar, un punto no más.
  12. Y como las vecindades que la humanidad ha fundado y se han agrupado en ciudades, nuestro vecindario comparte con muchos otros vecindarios, cada uno con decenas de estrellas, y tal vez miles de planetas, y como riéndose de nosotros nos da nuestro sentido de pertenencia: ¡todos somos de la misma galaxia!, todos estamos en la "vía láctea". Y como ya uno se empieza a acostumbrar, todo nuestro vecindario es solo uno más, un punto brillante entre millones más, un sólo punto al borde, nuestro sol un suspiro, y nuestros planetas no son nada. Nuestros planetas son polvo celestial.
  13. Pero no somos la única galaxia, como en los estados, hay bastas extensiones de nada (vacío espacial) donde de cuando en cuando se puede ver una u otra galaxia, como ciudades, pero sin caminos entre ellas, o por lo menos no unos que sepamos transitar. Nosotros no le llamamos estado, le decimos Grupo Local Galáctico, y allí compartimos agrupación con otras galaxias, repletas de vecindarios interestelares, soles y planetas, y seguro desde allí, la Galaxia de Andrómeda o la del Triangulum nos comparten sus secretos. Desde acá nuestra galaxia es un punto mucho más que notable, pero sus vecindarios no son más que tenues luces, imposibles de distinguir. 
  14. Y este Grupo Local Galáctico es solo uno más, de allí hay millares de grupos acomodados en el espacio formando densas nubes luminosas, donde cada galaxia no es más que una gota, un punto de luz en la distancia, y desde allí sólo polvo estelar, galaxias llenas de sistemas con sus soles, con planetas... Todo como un gran país, al que llamamos Super Cluster, y el de nosotros es el de Virgo. Y allí nuestro Grupo Local comparte "ciudadania" con los Grupos de Canes, de la Osa Mayor o con el  Cluster de Virgo, Fornax o Eridanus, inclusive es compatriota del Grupo del Dorado. A esta distancia los soles ya no son la unidad, las luces que se ven son los esfuerzos de las Galaxias que componen los Grupos, miles o millones de estrellas brillando al unísono. Y los Grupos simples puntos. Nada más.
  15. Y como un gran reflejo de nuestra insignificante impacto universal, conocemos decenas de Super Clusters alrededor del nuestro, y que seguramente sólo sean una insignificante porción de los que hay allá afuera... Es que al final los millones de millones de soles que tenemos en el Super Cluster de Virgo no son nada especiales frente a los que pueden tener los Super Cluster de Centaurus, Hydra, Columba, Leo, Hércules, Sculptor, Phoenix o Capricornus. Sólo somos parte de una pequeña nube (que llamamos Super Clusters Locales), un cirro o un cúmulo que navega rodeado de muchos más.
  16. Y no bastando con la infinita insignificancia que he intentado demostrar, todo esto sólo forma una parte del Universo Total, y todo porque nuestra insignificancia no nos deja ver más allá, el resto del universo está tan lejos que su luz ni siquiera ha llegado hasta nuestra galaxia, a nuestro pequeño planeta, y a nuestros ojos, de humano. Solo hemos logrado discernir lo que llamamos Universo Observable...
Y a pesar de saber que somos tan insignificantes, no sabemos nada, y creemos que en medio de tal cantidad de todo, somos únicos, especiales. No, al ver lo lejos que estamos y lo pequeños que somos ya no es tan difícil pensar que no estamos solos, pero que tristemente si estamos condenados a no comprobarlo, y a seguir suponiéndonos superiores, acabando nuestros recursos, acabándonos a nosotros mismos. Hay que ser muy ciego para no notar que nuestra existencia es una porción infinitesimal de todo, y que allá afuera hay posibilidades para todo, para Dios, dioses, para el diablo, para más como nosotros, y más como ningún otro. En el universo no somos especiales, aunque de seguro allá afuera hay alguien para quien si lo seamos.

Es que, definitivamente Platón tenía tanta razón con su mito de la caverna, al final somos solo seres, atados de pies y manos, obligados forzosamente a ver las sombras de objetos que se nos presentan por encima de la pared. Los titiriteros están allá, pero para nosotros sus sombras son la completa realidad, y aún llegando hasta acá, sigue una nueva duda: ¿La luz de donde vendrá?

Al final, seguramente todo el universo es también un sólo punto en medio de muchos mas: