#FreeAndOpen

Independientemente de la animadversión que me causa pensar en Google y compararla con Skynet (sobre lo que espero escribir algún día), lo que no puedo obviar del desarrollo tecnológico de los últimos años es que algunas compañías han estado trabajando fuertemente para garantizar un conjunto de libertades en el ciberespacio, las cuales, aceptadas o no, han permeado y configurado toda una atmósfera social, nuestro nuevo siglo XXI, la generación del bit.

Tampoco puedo desconocer que existen muchos intereses que encuentran en el ciberespacio la atmósfera perfecta de poder, opulencia y control que nunca existió. Pues es allí el único espacio sin fronteras, el repositorio definitivo de nuestra identidad, nuestros gustos, nuestros intereses, y de todo lo que nos representa como sociedad. En algunas centenas de años, no irán a ver las ruinas del Hard Rock Café, o el escarpado terreno donde se levantaba un WalMart, seguramente entrarán a un sofisticado museo donde habitaran copias digitales de lo que es hoy nuestra sociedad, una suerte de periódico multimedia que cuente las historias de los hacktivistas, las hazañas registradas en Youtube, o las tendencias menos simpáticas de Twitter... del mismo modo que ahora uno va y consulta los textos grabados en las primeras imprentas... Así nada de lo allí escrito tenga mucho sentido.

Ahora, la pregunta que ha dado vueltas por innumerables escritorios vuelve a asaltar, como si ya no fuese suficiente pensar en el terrorismo Maya del final de diciembre, y se reabre el debate... ¿Debe haber control sobre Internet? La respuesta está abierta para todos. Yo creo firmemente en la capacidad de la cibersociedad de autoregularse, siempre y cuando se trace una línea clara que divida, de manera consciente y sensata, el delito y la intención de compartir. No ahondaré más en detalles, pero si quiero compartirles el más nuevo round de esta pelea interminable, en la cual Google vuelve a tener un papel fundamental: TAKEACTION.



Ahora, está en manos de todos hacer sonar la voz...